Sexta Nota

Hechos que todavía hay que descubrir

En el seminario

Durante mi visita a los Archivos Históricos “Ave María” de la Arquidiócesis de Guadalajara en julio de 2016, cuando presenté una carta de introducción de Rafael León Villegas, obispo de la diócesis de Ciudad Guzmán, Jalisco. Gracias a la amable ayuda del obispo se me permitió revisar documentos tales como cartas intercambiadas entre el arzobispo de Guadalajara y el padre Francisco. En esas cartas encontré algunos hechos interesantes, además de aquellos que ya he mencionado, aquí puedo contar este anécdota.

Mientras era estudiante del seminario en Guadalajara, el padre Francisco solicitó permiso (permiso concedido) para viajar a su ciudad natal para ayudar a una de sus hermanas enfermas, una viuda con siete hijos, quien tenía problemas financieros además de estar gravemente enferma. La hermana había estado administrando uno de los negocios de su padre, una compañía eléctrica (probablemente proveedora de electricidad para el pequeño poblado) y la compañía necesitaba a alguien para poner los libros y otros asuntos administrativos en orden. Eventualmente regresó al seminario para continuar sus estudios. Hago dos observaciones de este incidente: Primero, mi tío abuelo era considerado por su familia como muy capaz en asuntos de negocios y por lo tanto recayó en él tras la muerte de su padre, manejar los asuntos de negocios de la familia. Segundo, no consideró el usar este incidente como una excusa para abandonar su vocación porque en su carta, solicitando permiso para salir del seminario, pide ser considerado como “supernumerario”, esto es, un seminarista que continua sus lazos con el seminario mientras estudia y ora fuera de los confines físicos del seminario. El permiso le fue concedido y pronto regreso a sus estudios en el seminario.

Padre Francisco entre 1927 y 1930

Aún queda un vacío en mi conocimiento de la vida del padre Francisco -¿Qué le sucedió, qué hizo y a dónde fue entre abril de 1927, cuando fue convocado y salió de su parroquia y 1930 cuando regresó?

Como se relata con mayor detalle previamente en esta NOTA, en 1927, el arzobispo de Guadalajara ordenó al padre Francisco salir de su parroquia en Tototlán, Jalisco y viajar a Guadalajara para ayudarle. Durante su ausencia, el vicario parroquial a quien dejó a cargo fue arrestado, torturado y ejecutado, su cuerpo fue dejado en el cementerio de Tototlán para ser descubierto por la gente al día siguiente.

Entonces, ¿Por qué el arzobispo le pidió al padre Francisco salir de su parroquia en Tototlán? Algunos reportes escritos de personas que lo conocieron en Zapotiltic dicen que mi tío abuelo -quien era alto y de apariencia formidable- fue llamado a Guadalajara para ayudar en la protección personal del arzobispo y quizá otros dos obispos.

De los registros oficiales, hemos sabido de una razón o bien de una razón complementaria por la cual fue convocado – que el ejército mexicano buscaba al padre Francisco. Había sido falsamente acusado de estar involucrado en el tráfico de armas para uso en contra del gobierno.

fcovruiz-53Algunas historias que he escuchado, dicen que el padre Francisco se ocultó y usó un pseudónimo. Las historias cuentan que se le conocía por el nombre de batalla de “Don Nacho”, un amable tejedor de textiles que vendía zarapes durante el día y atendiendo a las necesidades espirituales de los fieles mediante servicios litúrgicos y administrando los sacramentos donde fueran requeridos. Tengo una foto, aparentemente tomada en un estudio fotográfico profesional, que muestra a mi tío abuelo utilizando ropa casual, con bigote, sentado entre otros dos hombres no identificados. En ella se muestra también un zarape. ¿Don Nacho?, ¿Es en verdad el padre Francisco (Caray!, quiero decir “Don Nacho”) en la foto? ¿Pudiera ser así como aparecía “fuera de servicio” de la guardia de seguridad del arzobispo? Repito, no he encontrado aún fuentes confiables en relación al paradero del padre Francisco entre 1927 y 1930.

Las fechas de 1926 a 1929 son comúnmente conocidas como el periodo de la Guerra Cristera, pero los historiadores escriben que realmente no hay una fecha exacta de inicio y final de este terrible episodio en la historia de México. El libro Matar y morir por Cristo Rey de Fernando M. González, publicado en 2001, deja la impresión que de acuerdo a documentos y cartas de la gente que a principio de 1929 la gente simplemente no creía que el presidente Calles con sus “Leyes Calles” intentara realmente cerrar todas las iglesias y erradicar a cada sacerdote de suelo mexicano. Entonces, hacia el final del periodo de violencia, llevó un tiempo igualmente prolongado para disminuir los sentimientos de animosidad de ambos lados. Documentos históricos muestran que la negociación relativa a los “Arreglos” (acuerdos) entre el gobierno mexicano y los representantes clave comenzaron hacia la mitad de 1929, pero no eliminaron precisamente la animosidad hacia la iglesia católica. Las heridas aún no cerraban aún hasta mitades de 1930 y quizá un poco más.

Padre Francisco regresa a la parroquia de Tototlán

Como sucede en cualquier conflicto civil en donde los sentimientos de ambos lados han sido inflamados, la coexistencia pacífica llega poco a poco; ciertamente nunca al mismo tiempo. Por lo tanto, para febrero de 1930 la gente de Tototlán, y sin duda, todo México, sufrían aún por la violencia de la guerra cristera. Fue ahí cuando el padre Francisco, quien había estado ausente de su parroquia desde 1927, volvió a Tototlán ansioso de, a su manera, regresarla a la normalidad. No permaneció por mucho tiempo, alguien lo asaltó, las razones para el asalto no se especifican en las cartas que pude encontrar. Al oír del incidente, el arzobispo escribió a mi tío abuelo el 18 de febrero de 1930 (A-553/30 ma/sf en los archivos históricos de la arquidiócesis) que viniera a Guadalajara a informar por qué había sido asaltado y ahí permanecer “para huir de tus enemigos”. Más tarde, ese año, en cartas fechadas el 15 de octubre y 25 de noviembre, el arzobispo instruye al padre Francisco -aún designado pastor de Tototlán aunque residente en Guadalajara- que deje de enviar grandes avisos impresos a los parroquianos de Tototlán convocando a una recaudación de fondos para la reconstrucción de la iglesia de Tototlán destruida por la guerra. El arzobispo le dijo al Padre Francisco que sería mejor que permitiera al nuevo vicario parroquial que manejara tan delicado asunto, localmente, entre la gente de Tototlán.

Se ordena al padre Francisco describir la muerte de su vicario parroquial Este evento visceral -el martirio de su valiente vicario parroquial durante su ausencia – a pesar del hecho de que su ausencia fue por insistencia del arzobispo, pudo haber deprimido a mi tío abuelo. Es razonable pensar que una nueva asignación en Guadalajara, involucrando la muerte del padre Sabás, pudo haber sido causa de agonía por una adicional carga de culpa.

Después de la Guerra Cristera, los obispos mexicanos decidieron solicitar a Roma permiso para comenzar una investigación de los eventos que rodearon la ejecución de sacerdotes católicos por el gobierno de México con propósitos de sugerir la santidad de aquellos que fueron martirizados durante la Guerra Cristera. El obispo auxiliar a cargo, convocó a mi tío abuelo a Guadalajara. Le asignó la tarea de recabar testimonios de testigos presenciales de su antigua parroquia, Tototlán. Concernientes los eventos que rodearon el martirio del padre Sabás. Se le exigió contar todo lo que pudiera encontrar con relación al asesinato de su propio vicario parroquial con todos los atroces y explícitos detalles que rodearon a los 14 días de tortura y muerte por el ejército mexicano del hombre al que el padre Francisco había dejado a cargo de su parroquia.  Es muy natural que me sorprenda. Se preguntaba mi tío abuelo, mientras entrevistaba testigo tras testigo en 1935, “¿Qué hubiera sucedido si el arzobispo no me hubiera retirado de Tototlán en 1927?” ¿Tenía Dios otros planes para mí y por eso salvó mi vida?”

De clic aquí para leer la NOTA FINAL

Leave a Reply